Todo deja huella

Que tienen en común, un correazo frente a toda tu familia cuando tienes 10 años, una palmadita en el poto, que te ahoguen a los 16 años en un recipiente lleno de agua con un caño abierto, negociar con señas en una feria en Italia, pedirle a una chica su zapato para dibujarlo, unos padres despidiendo a su hijo en un aeropuerto de Miami porque no lo verán 1 año?

Son momentos Kodak que han dejado huella mental en mi disco duro y que forman parte de quien soy, son momentos inolvidables, algunos sin mucho sentido pero que al final son importantes para mi, los he elegido o ellos me han elegido.

Era un día de la madre del 84 o 85, estaba toda la familia de mi mamá reunida y todo era felicidad, bromas, gritos, risas; estábamos en la casa de mi tía Lupe y en su casa vivían mis abuelos maternos. Mi abuelo Victor, que tenía parkinson, se distraía y pasaba sus días cuidando el jardín de la casa de mi tía y tenía unos rosales bien cuidados y claro, José y yo jugando con la pelota en el jardín y dale que te dale a las plantas y flores del abuelo, mi abuelito vino unas 3 veces pidiendo que ya no juguemos porque maltratábamos sus plantas, renegaba con justa razón y estos 2 nietos faltosos que se cagaban de risa en su cara, hasta que sucedió lo que tenía que pasar, estábamos haciendo “camotito” al abuelo y es en ese momento que veo por el rabillo del ojo a un toro salvaje (mi viejo), salir por la mampara, sacándose la correa a la velocidad de la luz, el primer latigazo es esquivado por mi hermano a lo Matrix y yo patitas para que te quiero me faltaban piernas para seguirlo, sintiéndome triunfador y pensando que ya me había escapado, iluso yo, volteo la cara un poquito y ya estaba herido mortalmente, la hebilla de la correa ya estaba en mi ojo izquierdo y la patita se me mete al borde del ojo izquierdo y me rasga, para 2 puntos en la clínica. Me salía un poco de sangre por el ojo y obviamente me hice la víctima, comencé a llorar y de repente sale mi vovó (abuela en portugués, así le decimos) gritando asesino a mi papá y aún más a mi abuelo cuando en realidad la culpa había sido nuestra. Camino a la clínica, lloraba y pensaba que nunca más le hablaría a mi papá, que era de lo peor, etc, etc. Pasaron algunos años y ese episodio me enseñó a respetar aún más a los mayores, fue una enseñanza y completamente seguro que mi papá no quiso darme en el ojo, se le escapó la correa de la mano. Ahora que soy padre me imagino el dolor que habrá sentido cuando sucedió esto, es terrible castigar a un hijo, creo que el dolor es más fuerte para un padre o madre que para el mismo hijo. Para mi, este correazo es la mejor castigada del mundo y agradezco que haya pasado. Con mi papá nunca hablamos de eso, sucedió y punto. En estos tiempos lo más probable es que haya gente que no esté de acuerdo pero papá, si nos encontramos en otra vida, por favor vuelve a hacerme esos 2 puntos sin decirme nada y enseñándome todo. Te quiero.

Las cosas simples de la vida!!! Soy un convencido que a la vejez uno se lleva esos recuerdos y que cuando uno no esté en este mundo, será recordado por esas cosas. Por ejemplo: como soy un “poco” jodido, juguetón normalmente siempre le doy una palmada en el poto a Lucha con su respectiva agarradita y el 90% de las veces se hace la molesta o se molesta en realidad, para mi es un gesto de amor y de cariño; siempre le digo el día que me muera vas a querer que aparezca y te pellizque el poto nuevamente. Es algo estúpido, pero se lo hago en la casa, en reuniones porque me nace hacerlo y lo hago sin pensar, ya es automático. Mi agarrada de poto de todas maneras ha dejado huella.

Mi papá vivió en un caserío piurano, casi frontera con Ecuador (por eso le gustan tanto los pasillos, cada vez que nos llevaba al colegio o salíamos con la family ponía su casette de pasillos, que fea esa música!!), vivían en una casita mis abuelos y sus 7 hijos, un espacio que les daba el dueño de la hacienda para que mi abuelo trabaje la tierra y el ganado. Fue muy feliz a pesar de todas las carencias (uno no desea lo que no conoce, lo que nunca ha visto, él estaba en su mundo ideal), no hay oportunidad en reuniones familiares donde cuente sus historias como cuando su primo Joaquín prendió fuego al burro y no pudieron salvarlo. La zurra fue memorable, obvio no?, jugar con un fosforito en la cola del animal que trasladaba las cosas que producían para la venta, el burro corrió como loco y avivó más la llama. Vayamos al tema central de este artículo; mi viejo trabajó desde muy chico y ya era comerciante a los 12 años, ganaba su plata y para alguien que estudia en el colegio y gana dinero, cree que con lo poco o mucho que gana en ese momento va a poder vivir toda una vida. Termina el colegio en Sullana y mi abuela le dice que ya es hora de que se vaya a Lima a postular a la universidad, a los 16 años mi papá no tiene mejor idea que contradecir a la abuela y respondía que no, que se quedaba en Sullana, que él quería trabajar y seguir haciendo negocios. En uno de esos momentos inolvidables en la vida de un joven, vuelve a contradecir a su mamá …. Mi abuela Carmen había llenado en el lavatorio un recipiente con agua, abre el caño, agarra a mi viejo del cuello y lo comienza a ahogar en el recipiente delante de sus hermanos, le levante la cabeza una y otra vez, haciéndole la pregunta, te vas a Lima a estudiar?, te vas a Lima a estudiar? Hasta que, cuenta mi papá, le salió un “SI, me voy a Lima”. Luego, el resto es una linda historia que espero publicar en el futuro, postuló a la UNI, la agarró a la segunda, terminó ingeniería civil y de ahí hizo un master de física becado en Brasil. Ese acto de amor de la abuela, de querer que sus hijos sean profesionales, que tengan lo que ella no tuvo,  lo logró y con creces, lástima que murió en el 77 y no pudo ver completo los frutos de esas ganas de superación que inculcó a sus hijos.

De noviembre 1998 a marzo del 2001 trabajé en la fábrica de zapatos de mi papá y tuve la oportunidad de aprender muchas cosas de cómo él se manejaba en los negocios y ver los detalles que se debe de tener en las cosas que uno hace. Uno de los momentos más maravillosos que tengo de ese período es que viajamos a la feria de Bologna en Italia,  la más importante del sector en el mundo. Hay 2 momentos que recuerdo como si fueran ayer y que comparto. Estábamos en plena feria y el primer día ya habíamos hecho el recorrido general viendo todos los pabellones y proveedores, habíamos elegido 3 para hacer negocios, 2 de España y uno de Italia. Para esto, mi papá con el inglés es un cero a la izquierda, nada de italiano, español y portugués mas o menos pero el portuñol lo habla de maravilla, lo malo que poca gente lo entiende. Llegamos al stand donde estaba el proveedor y me dice, “observa cómo se hacen los negocios, no digas nada”. Nos sentamos el dueño de la empresa, su hija, mi viejo y yo. No sé cómo pero hicieron el negocio, gesticulando con las manos, dando besos en el aire, dando ok con el dedo, haciendo números en el papel, hablando de cm para que la sandalia calzara en el pie de la mujer peruana (los pies de las mujeres son distintos según el país y en el Perú por el tema del clima aún es más complicado, por ejemplo, una mujer en la selva, por el calor, tiene un pie más ancho que una limeña). La hija y yo no parábamos de reír por lo genial de la situación, mi viejo hablando portuñol, su papá en italiano y usando las manos, ojos como grandes mimos. Algunos momentos mi papá me decía que hablara en inglés con la hija para afinar algunas cosas. Terminamos de hacer el pedido y los 2 se reían como si hubieran sido patas de años, no había nada que hacer que el lenguaje del zapato era uno, se comunicaban a las mil maravillas y mi viejo lanza su frase “Manfred, el lenguaje del amor es universal, todo el mundo lo entiende” y era verdad, dando besos, agarrándose el corazón, mirándose se comunicaron de lo mejor, así que ya saben, usen el lenguaje del amor cuando hay dificultad de comunicarse. De Bologna nos fuimos a Milán para ver vitrinas y caminar como locos, incansable mi papá para caminar, después de haberme hecho caminar de 10am-5pm nos sentamos en un café por el Duomo, pedimos para comer y tomar; mientras yo comía veo a mi viejo dibujando un zapato en una servilleta y veía como miraba a una chica que estaba en otra mesa tomando un café; le pregunto que estaba haciendo y me responde que le gustaba el zapato de la chica pero que quería ver bien como terminaba la capellada (la parte de arriba del zapato), se para, va donde la chica con la servilleta, se agacha y le saca el zapato a la chica porque quería terminar de dibujarlo; debieron de ver la cara de la chica entre asombro, sonrojada y orgullosa que alguien le pida el zapato para dibujarlo, mi papá llega, lo coloca en la mesa, lo observa como un doctor viendo una radiografía, vuelve donde la chica y le devuelve el zapato … como dato, un hombre siempre debe de observar el zapato y cartera de una mujer, si les gusta, díganselo, la harán sentir muy bien. Solamente un apasionado en lo que hace, que vive y goza con su trabajo puede hacer eso, parece algo tonto pero las 24 horas vivía en el negocio cuando tenía la fábrica.

Agosto 1989, faltando 2 meses para cumplir 15, mis papás me dejan en el aeropuerto de Miami para irme 1 año entero de intercambio rotario, yo me iba feliz y no comprendía para nada toda la escena que pasó en el aeropuerto. Estábamos en el gate de mi vuelo a Atlanta y de ahí a Baltimore donde me iba a recoger la familia que me iba a alojar. Rotary no deja que el intercambista vaya con sus padres al destino final. En el 89 no había celulares, internet; lo que había era fax, correo normal y el teléfono común y corriente que era carísimo. Mis viejos me dejaban en Miami y ellos, ese mismo día, volaban a Las Vegas y de ahí a Los Angeles. Antes de subir al avión porque ya me tenía que ir, mi mamá me daba la espalda y no sabía porque y mi papá sudaba, yo, sin comprender a mis 14 años que estaba sucediendo hasta que mi mamá se voltea y la veo llorando, no sabía que hacer, nunca había visto llorar a mi mamá de pena así que nos dimos un abrazo de oso y luego llega mi papá con el cual siempre he tenido una buena relación pero en esa época no era muy demostrativo en palabras ni en gestos, de repente cual cura, me hace una señal en forma de cruz en el aire, me toca la frente y también me hace la cruz mientras me dice una bendición; para algunos puede sonar normal pero para mi era algo totalmente inesperado porque nunca los había visto así. Ahora si lo entiendo perfectamente porque es dejar a tu hijo 1 año completamente solo. Esa bendición y despedida de mis padres es algo que realmente nunca olvidaré por lo que sentí y sobretodo por el amor que me demostraron en ese mágico momento.

Todo deja huella, para bien y también lamentablemente puede serlo para mal. Seamos cuidadosos con lo que hacemos y decimos porque estoy seguro que todos somos agentes de cambio para alguien, si, siempre hay alguien que te sigue, ve tus movimientos, eres una referencia. No nos la creemos pero es así y cuando te equivoques, hay que reconocerlo y es ahí donde considero que el aprendizaje es mayor. Atrévete a demostrar, “vulnerabilizate”, recuerda que no hay nada que perder, las personas se vuelven magnéticas de lo bueno cuando se abren a los demás.

Y a ti, cuántas huellas te han dejado o recuerdas? ríe con ellas, compártelas con gente, son un tesoro personal.

Un abrazo.

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