El huevo y yo

Siempre fui un escéptico sobre el huevo. Antes de conocer a mi suegra, nunca vi pasárselo a nadie en mi vida y mucho menos escuchaba cuando alguien hablaba de él, no me importaba. Habían pasado algunas semanas que estaba de enamorado y un día estando en Chincha, escucho a lo lejos a quien iba a ser mi suegra, la Sra. Ana, “te han ojeado, pásenme un huevo que a esta yo la curo del susto, le hago su limpia”; camino para ver que estaba pasando y veo que llega el huevo a sus manos y la escena fue en ese momento, no encuentro la palabra que pueda definirla; de terror si se puede decir, recuerdo que la vi concentrarse unos segundos, botar aire por la boca como expulsando que sé yo y de pronto la veo hacer un tipo de danza en cámara lenta alrededor de su hija sobándole el huevo alrededor de todo el cuerpo, las extremidades, tronco y al final toda la cabeza; la “enferma” con los ojos cerrados recibiendo la «medicina» casi en trance, bien paradita, en el medio de la cocina. Yo, entre medias risas, miedo, escalofríos me percato que además de danzar y sobar, estaba moviendo sus labios y susurraba algo inaudible (luego me enteré que era un rezo). Terminada la sesión de 1-2 minutos a lo máximo, se pone erguida, triunfante, con una cara de “vencí al mal”, yo seguía sin entender, se lo engullirá pensé. Rompe el huevo y lo coloca en un vaso transparente, toda su familia en silencio mirando como agarraba el vaso a contraluz y cómo doctora que mira una radiografía dice “Uy, estabas con mal de ojo, te habían hecho daño, mucha envidia, ya estás curada, míralo, no ves? Ahí está el ojo con sus tentáculos”, agarra una tijera, corta la yema en el vaso y se ve que está medio cocida.  Que nadie lo toque ni ose cocinarlo. El vaso se quedó al borde de la ventana de la cocina, ni idea porque no lo botaba, debe de ser parte del ritual diabólico pensé.

En ese mismo momento, lo único que pienso es a que familia acabo de llegar, patitas para que te quiero, yo me arranco en “one”. De todas maneras, lo ha hecho para que yo lo vea, me asuste y desaparezca. A mi, con huevadas de este tipo, por favor, ni hablar, le dije, asustado en mi interior a mi futura esposa. La yema se pone así porque tu mamá lo tiene agarrado buen tiempo y además le da temperatura sobándolo ante un cuerpo, por favor que va absorber energía negativa y demás sonseras, “NO”, me rehuso a creer en estas sonseras, por favor, a mi, no me van a venir con vainas.

Y llega el 2006. Mi hijo ya tenia 1 año y de pronto todas las noches se despertaba, mínimo 2 veces, llorando y quejándose entre 10 a 20 minutos; desesperados fuimos a varios doctores, por emergencia, explicándoles lo que le estaba pasando y siempre “todo está bien, no tiene nada, deben ser gasecitos”, Gaseovet una vez más, los laboratorios que lo producen deben ser millonarios gracias a esos doctores. Tenía una docena de frascos que al final los usé para mi. (nota: cuando no saben que tiene un bebe, los doctores siempre dicen gases, son de temer, no todos, pero es un consejo, cuando digan “gasecitos”, huye.)

Ya casi desesperados, empezamos a comentar en nuestra familia y amistades lo que estábamos pasando en las noches. Mi esposa llama a mi suegra que estaba en Chicago para saludar y le comenta lo que estábamos pasando con Salva y ya deducen lo que oí a través del celular “ay, hija, pásale el huevo”, yo a punto de estallar porque a mi hijo cómo le voy a hacer eso y además quien se lo iba a hacer, ni cagando, MAY, pinguitas mariposas. Es más, creo que ese día me peleé con la jefa, esa bronquita fue por su madre, obviamente.

Eran casi 2 meses que seguía el llanto, mi suegra bien lejos y nosotros al borde del colapso; hasta que un día, mi cuñado después de un almuerzo me dice “porqué no le pasas el huevo, me dicen que hay un lugar buenazo en La Victoria” arrgghhhhh!!! nuevamente el huevo a mi, no me deja tranquilo, qué está pasando en la Tierra? Ahora todos adoran al huevo. Terminada la tarde el Sr. Huevo había sanado medio planeta y yo escéptico, incrédulo; mi cerebro de ingeniero me decía, todos están locos,  hay un virus, vamos a morir.

Despierto al día siguiente agotado, había sido la peor noche de llanto de Salva, con un ojo despierto y el otro dormido, digo “tenemos que hacer lo que sea, pero ya”, “no podemos seguir así”, “ya no jalo”. Salvador ni lo sufría, durante el día, jugaba, comía, dormía. Todo era en la noche.

Bañado y desayunado, tomo valor y llamo a mi cuñado. “Habla Manfredo, que ondas chocherita”, su clásico saludo y yo hecho trizas, “chato, dame el teléfono del brujo del huevo, urgente por favor”, que voz habré puesto que hasta asustado se puso, “lo consigo y te lo paso al toque por Blackberry Messenger”.

Llamo y pregunto por el Sr. Fernandez, me lo pasan, le digo como hablando en clave y casi susurrando, como escondiéndome de no sé quien, que quiero una sesión lo más pronto posible. Me dice con voz calma que vaya a las 4 pm, que eran casi las 12 y que de 1 a 4 pm descansaba. No me preguntó nada, lo que si me dijo era que tuviera cuidado al ir, que era mejor ir en taxi porque la zona era medio “peligrosona”, la dirección es un local que tiene un letrero que dice “Peluquería Popular”, llegas y preguntas por mi, está a 3 cuadras de Gamarra, justo al frente de una canchita de fútbol.

Preparamos a Salva y llegamos 3:30 pm, efectivamente ahí estaba la peluquería con su frontis celeste frente a la canchita donde se juega el Mundialito del Porvenir. Le dijimos al taxi que se de una vuelta más, por seguridad, para chequear a la gentita que estaba alrededor y que nos espere.

Entramos y efectivamente era una peluquería re antigua con sus paredes descascaradas. Pregunto por el Sr. Fernandez y me dicen que está haciendo su siesta, que a las 4 pm nos atenderá, que nos sentemos y esperemos, que ahí habían unas revistas. Las veo y eran del 94, 96, igual las ojeamos mientras mirábamos el reloj a cada rato. Los 2 peluqueros estaban esperando clientes, mirando TV en blanco y negro.

A las 4 en punto, hora inglesa, sale una chica abriendo una cortina que simulaba la puerta que separaba la peluquería de un cuarto y nos dice que pasemos. Pasamos y lo único que podíamos ver, porque estaba oscuro, es que el cuarto estaba lleno de crucifijos, vasos transparentes con huevo,  hierbas a montones en mesa y colgando del techo, una refrigeradora vieja (porque no traje unos nuchacos, mi honda aunque sea pensé, ya era muy tarde, estaba acorralado). De otra puerta, sale un señor de avanzada edad a paso lento, nos saluda y se presenta de una manera muy amable. Con la sabiduría que dan los años, nos escucha el porqué estamos ahí y nos dice sujétenlo que le voy a dar un rezo. De una jaba de huevos, había una jaba!!!! La chica coge uno y se lo pasa al señor y regreso mentalmente al ritual en la casa de mi suegra como arte de magia (se deben de conocer de todas maneras aluciné), empezó con un padre nuestro y de ahí un ave María, yo miraba el techo esperando que se abriera y una luz apareciera y finalmente, que haga con nosotros lo que Dios quiera, todo estaba consumado, al menos traté de curar a mi hijo.

Lucha y yo con las manos sudorosas, nos mirábamos fijamente agarrando a nuestro bodoque hasta que dijo, ya está, lo pueden cargar.

Si, si, hizo lo mismo que mi suegra con su hija, vaso transparente y tiro el huevo. Lo examinó bien y nos dice que miremos el ojo, los tentáculos, cuando cortó la yema nos explico que tenía, cual era la enfermedad de mi hijo, con la seguridad que da el haber sanado miles de “enfermos”. Obviamente, no entendía ni “veía” nada; finalmente nos dijo, que ya estaba “curado”.

Ya estaba ahí y pensé que perdía si me lo hacía, “a la mierda dije”, yo también quiero que me pase el huevo, “por si acaso pues, total ya hice el trote de venir”.  Uyuyuyuuuyyyy dijo cuando estaba mi huevo en el vaso, estás mal de estomago, no te está molestando? mira!! esta parte que está acá lo indica, lo ves? No veo nada carajo, pero es verdad, le comento que no sé que tengo en el estómago que me molesta. El Sr. Fernandez me explica mi mi mal y que me “curaba” en 3 sesiones, que tenía que regresar. Luego Lucha también pasó por el huevo, le dijo algo que ella estaba pasando, pero que con una sola sesión bastaba. Pucha madre, el más enfermo era yo.

Conversamos en el cuarto oscuro unos minutos y de ahí le pregunto que cuánto era, cuánto le debía?, su respuesta me desconcertó, “lo que tengo es un don, tu voluntad no más, aunque sea para pagar el huevo” y sonrió. Le pagué lo que consideraba justo y salimos, ya eran las 5:00 aprox. Regresando a casa, la incredulidad hacia el huevo y mi raciocinio se estaban peleando, iba 50/50 pero seguía sin creer.

Esa noche, Salvador durmió como un rey y nunca más se levantó llorando, coincidencia decía yo, pero ya iba 90/10, el huevo estaba ganando.

Al final de mi tercera sesión, le agradezco la atención a Don Victor, ya no era el Sr. Fernandez,  y me despido con un fuerte apretón de manos. Fue la última vez que lo vi y me curó de lo que estaba pasando con mi estómago.

Regresé unos años después a la Peluquería Popular no recuerdo porqué, fui de frente porque ya conocía y quería ver a Don Victor, sale la misma chica de la última vez y me hace pasar. El cuarto igualito y yo esperando que apareciera mi sanador y la chica me dice “mi papá murió hace 2 años”, pero él me enseñó todo lo que sabía. Ella me rezó, me sanó nuevamente y al final mi voluntad. Ahora, aparte de comerlo pasado, frito con arroz, en pan y de las miles de formas que sabemos, también lo respeto.

Huevo, alimentas y sanas, eres lo máximo.

5 comentarios sobre “El huevo y yo

  1. Que lindo relato Manfred. En toda mi niñez, a mi me pasó el huevo una curandera a la que yo llamaba abuelita…Así que siempre creí en el huevo. El pediatra de mi hijito me lo confirma cuando me dice que el huevo absorbe la energía negativa pero también la positiva. Así que no se puede abusar de este seguido.

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