Hablar del Loco Bussem es hablar de mi viejo, aquel joven que mi abuela casi ahoga porque no quería venir a estudiar a Lima porque ya era comerciante desde muy niño, como les comenté en TODO DEJA HUELLA.
Después de la ahogada, llega a Lima a los 16 años y a los 18 años ingresa a la UNI para estudiar ingeniería civil (la agarró a la segunda). El vivía en Lince y varias veces se regresaba a pie de la UNI porque no alcanzaba. Una de sus historias más famosas es cuando regresando a su casa por Alfonso Ugarte y con hambre, se encuentra un guachito en el piso, lo coteja y tenía premio de 20 soles de oro, una fortuna para él en ese momento, así que lo primero que hizo fue comerse dos hamburguesas y lo demás compro para sus hermanos, si es que la memoria no me falla y se quedó con algo para él.
Termina la UNI el 66 con 25 años y ya conocía a quien iba a ser mi mamá, claro, él un lobo y mi mamá una caperucita de 16 años. Se casan en el 68 y él ya daba clases en la UNI y en la Naval; por esa época los profesores ganaban relativamente bien (alcanzaba para vivir y ahorrar). En el 70 se va a Brasil becado a la Católica de Rio y hace una maestría en Física, un nerd total con publicada de libro y toda la cuestión .. se quedan en Brasil hasta el 74 con mis 2 hermanos mayores que ya estaban de 5 y 4 años y yo en la barriga de mi mamá; pareciera que no había TV o radio en Brasil.
Regresan a Perú y vuelve a la UNI y también a la Naval a seguir enseñando, con esos sueldos se compra el depa en mi Residencial San Felipe, luego el Toyota Corona (un clásico en mi familia y en toda la Resi) hasta que Velasco comienza y las cosas comienzan a ponerse verdes y ya no alcanzaba, yo ya había nacido y Melina también. Es decir, ya éramos una familia de 6 (en el 81 nace Brando, el tesorito y último hermano) a finales del 75!!
Me olvidé de decir que mi viejo era medio hippie en Brasil, con su melenaza, pantalones anchos y todo lo de la época.
En el 77, mi mamá viendo cómo la economía se venía a pique y habiendo estado tanto tiempo en Brasil, viendo como mi viejo había estudiado y ya con 4 hijos. le dice; “Mira Hildebrando, eres ingeniero civil de la UNI, no nos hemos ido a Brasil a que estudies una maestría, romperte los ojos con libros y demás, vivir allá por más de 4 años, para que regresemos al Perú a que seas un profesor y no tengamos nuestras comodidades”. Punto de inflexión en mi viejo.
Por segunda vez una mujer …. una mujer que cambia la vida de mi papá. Las mujeres tienen ese don “celestial” (lo peor de todo, para los hombres, es que lo saben y lo usan “expertamente”, si es que existe esta palabra) sus palabras calan, hacen reír, llorar o sangrar según sea la situación que ellas quieran dominar. Ese don nos hace pensar, nos hace hace sentir, nos eleva al balcón para ver la situación real, ubicarnos o reubicarnos o cambiar de giro completamente.
Es en esa “sacudida” de mi mamá que nace “el loco Bussem”, aún no sabía que iba a crear a ese personaje conocido entre finales de los 80´s e inicios de los 90´s por sus comerciales en doble 9 (radio limeña), pero se puso a pensar e hizo lo más básico, preguntarse: qué es lo que siempre necesitará la gente? Comer y vestirse. Ahora en el 2019 seria comer, vestirse, comunicarse.
Como todas las cosas pasan por algo, cuando regresó a Perú se trajo sus ojotas de llanta, ojotas que a todo el mundo gustaban. Es así que se lanza a su aventura del calzado con unas ojotas con suela de llanta que se trajo de Brasil y mientras enseñaba también vendía sus ojotas totalmente artesanales en el mercado central.
Para ese entonces todo era manual y no tenía ni la mínima idea de cómo se hacía un zapato, las ojotas se vendieron muy bien y es así que en el 78 se lanza con una renovadora de zapatos en Miraflores, hasta que hizo la Garota que fue un zapato que rayó en Lima y se vendía como pan caliente. Ese zapato fue el éxito que hizo que mi viejo capitalizara y así comenzó su historia en el calzado, fabricante y de ahí las tiendas La Garota, La Huella, la Trocha, El Omni; el resto es historia.
Si mi viejo es el “loco Bussem”, mi mamá siempre ha sido la “loca Bussem”; es decir, deberíamos de decir en la familia “Los locos Bussem”, dándole el respectivo honor a mi viejita …. Estoy seguro que mis hermanos concuerdan al 100% conmigo. En las reuniones familiares, entre tragos que van y vienen, siempre hemos dicho que sin mi mamá, mi papá no la hubiera hecho. Ella apoyaba, criaba, trabajaba, ahorraba, aconsejaba, amaba y lo sigue haciendo.
Y tú, hombre o mujer, en que mujer o mujeres estás pensando? Cuántas sacudidas has tenido?
Un abrazo a todas esas mujeres, que motivan el cambio.
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Pd: La famosa frase “subir al balcón”, refiere a que el día a día mucha veces nos gana y nos hace perder la perspectiva o ubicación de las cosas. Un ejemplo que leí y me enseñaron era con el Pibe Valderrama que era este futbolista colombiano que daba el pase a la primera y muchas veces sin mirar. Se dice que el Pibe siempre jugaba subido en el balcón porque podía ver toda la cancha desde arriba y conocía la posición de todos los jugadores. Subir al balcón, refresca, te acomoda, siempre date el tiempo para ver desde ahí.