Hay que dar para recibir.
Un día llega mi hermano a la 1 am aprox, medio en tragos, dormíamos en el mismo cuarto, camas separadas por si acaso.
Delicado siempre él, siento su presencia porque prende la luz y siento que se desparrama en su cama y me mete un lapazo, siento su mano recontra pesada encima mío. Si me ponía sabroso, perdía, él era peso pesado y en ese entonces yo habré sido un junior welter, así que calladito recibí el golpe, tomé valor y solamente le dije, oe qué te pasa? …. Me dice: quiero decirte algo, eres un imbécil, nunca te entregas, eres un desconfiado de mierda, así nunca vas a ser pleno jijijiji (su risa característica media cachosa). Qué? De qué hablas? Si pues, deberías de amar sin esperar que te amen, es la única manera, así serás verdaderamente feliz, nunca te has tirado a la piscina. Sufrirás si te cagan pero habrás sido feliz. Piensa si eres feliz con la chica que estás, no te veo, no pierdas y no la hagas perder tiempo, huevón.
Agarró el control, prendió la TV, que importaba si yo había estado durmiendo. Uno, dos, tres, cuatro segundos y se queda dormido. Claro, mi hermano mayor me dice algo que tenía guardado para mi y se pone en off al toque (quizá alguna alma en pena se metió a su cuerpo y me lanzó el mensaje). En ese mismo instante, maldigo las cajas de vino tinto Gato Negro o blanco Clos de Pirque que todo el mundo tomaba por esos años, porque estoy seguro que prendieron la mecha filosófica de esa “agresión” mental que me «regaló».
Siempre he escuchado y observado a José, muchas veces me ha enseñado cosas sin decirme nada. Son esas cosas que aprendes mirando, observando qué es lo que hace una persona, cómo se comporta, cómo “perdía” el tiempo leyendo por ejemplo.
Mientras roncaba como uno de esos trenes que aceleran a todo vapor, ya me había triturado el cerebro con sus palabras. Lo más anecdótico de esto es que ni recuerda lo que me dijo y a mi me marcó de por vida, cambió mi manera de sentir, de querer, acabó con ese pie trasero de apoyo para estar listo si es que me choteaban o lo que mi mente pensara que podía hacerme daño. Cambiar fue todo un proceso de años, nadie puede cambiar de la noche a la mañana, al menos no es mi caso.
Pero, porqué era así?
Para todo hay una explicación y muchas veces nosotros mismos bloqueamos las señales que nuestro cuerpo nos lanza para encontrar la “medicina para ese mal”, pero conscientemente evitamos el enfrentamiento a las mismas y seguimos con nuestro “status quo”. Tenía que encontrar que había pasado para que yo tenga ese pie de apoyo y que mi hermano muy bien se encargó de sacarlo a la luz.
Pasó buen tiempo y llegué a una de las escenas más bravas que un púber de 13 años pueda ver de sus padres, mejor dicho de mi padre. Había encontrado el evento que me había hecho así.
Mi viejo siempre tuvo y tiene una obsesión para que sus hijos, nietos vayan de intercambio o conozcan nuevas costumbres, países.
Me iba a ir a un intercambio de 3 meses a USA, tenía 13 años, era diciembre y ya estaba de vacaciones. Faltaba una entrevista de cierre para los últimos detalles para que yo pueda viajar. Era la última cita y no podíamos faltar. Recuerdo que estudiaba inglés en un instituto que se llamaba The King´s English en Miraflores creo y llega mi papá con mi mamá en su Mustang naranja (mi viejo siempre quiso tener un Mustang pero para su mala suerte justo se compró el modelo más feo de la historia de los Mustang y todavía naranja como la camiseta de fútbol de Holanda!!!!, ese que salió en los 80´s, 4 cilindros, no sé que le pasó a la Ford para fabricar ese modelo tan feo). A favor de mi viejo es que lo acompañé a comprar el carro en el 82 y estaba entre un Cadillac y el Mustang naranja de la tienda … obvio pues, con 8 años elegí el Mustang naranja. Buena estrategia de mi viejo, lo más probable es que mi mamá haya querido el Cadillac pero cómo iba a desilusionar a su hijo con el deportivo, más zorro mi padre.
Subo al auto y ya bajando por Arona, pasando Camino Real con la iglesia de Virgen del Pilar, casi llegando a Basadre, mi viejo le dice a mi mamá que cuál es la dirección? Mi mamá le responde que la dirección la debe de tener él, estaciona el auto a un costado y cómo va a ser posible que yo la tenga? recriminaba él, uy uy uy y yo atrás viendo a mi viejo ya un poco fastidiado porque mi mamá no lo tenía, mi viejita viendo su cartera tratando que el papelito apareciera, la observaba rebuscando como si fuera el bolso de Sport Billy y que de la nada el papel aparecería. Y mi papá presionando y hablando, yo ya estaba con las manos sudorosas, jamás hubiera emitido alguna palabra o sonido sin autorización, yo estaba en plena película de terror como si la pantalla me fuera a aplastar contra el asiento. Mi viejo me pregunta si yo la tengo, que la iba a tener pues, no te pases (solo dije que NO, cualquier sílaba adicional hubiera sido mi exterminio) …. Hasta que mi viejo me dice en voz alta mirándome por el retrovisor y ofuscado por la situación, “Manfred, que esto te enseñe que no puedes confiar en nadie, ni en tu madre ni tu padre”; en ese momento se me abren los ojos como sapo, paso toda la saliva espesa que tenía como si fuera a atorarme y no entendía nada, observo a mi mamá ponerse roja de cólera, le susurra algo que de todas maneras habrá sido una palabra fuerte y recontra bien merecida a mi papá, no sé si fue “palabra” lo que pronunció pero de que fue con odio jarocho, fue. Como una de las mejores actrices de Hollywood, voltea, me mira y me dice “hijito, no le hagas caso a tu papá, tú puedes confiar en mi siempre”.
Mi viejo me dice “ya no vas de intercambio, llegaremos tarde, hasta ir a la casa y encontrar el papel donde tu mamá escribió la dirección y teléfono, estos gringos si no llegas a la hora, no te atienden, espero que hayas aprendido la lección”.
Se pueden imaginar la escena de las 2 personas mas importantes de mi vida en ese momento, que una de ellas me diga eso, y la otra tratando de corregir el error. En ese momento no lo tomé tan en serio pero dejó una herida sin cicatrizar hasta que recibí el lapo.
Se frustró mi viaje a USA de 3 meses en ese entonces. Luego me enviaron 1 año a un intercambio de ROTARY entre el 89-90, año inolvidable que aconsejo puedan hacer vivir a sus hijos (pueden buscar en la web de Rotary cómo se puede enviar a sus hijos a distintos países del mundo o me escriben y los apoyo con los datos).
Hace 2 años aprox, me voy a comer con mis papás y traje a la mesa el episodio y mi mamá, como buena mujer, recordaba todo, cada palabra que mi papá dijo, dice que no le habló buen tiempo por la barrabasada, a pan y agua lo tuvo, chiquitingo ni hablar, estoy casi 100% seguro que, orgullosa ella, lo habrá hecho arrastrarse como Leonardo di Caprio en la escena de “El lobo de Wall Street” cuando su esposa está sentada en la alfombra del cuarto sin ropa interior diciéndole “Come on, Daddy” y el otro babeando hasta más no poder y luego ella cierra las piernas, se para y se va, Leonardo revolcándose en el piso mordiendo su puño con ganas de «matar».
Mi viejo al igual que mi hermano, nos dijo que no recuerda nada, que estábamos locos, cómo iba a decir algo así, que no lo difamemos.
Es general en los hombres no recordar momentos pasados, no tenemos la capacidad, don, memoria prodigiosa, etc que tienen las mujeres que nos pueden dar la hora, fecha, reproducción oral y escrita de cada mechita peligrosa.
Tenemos que tener cuidado con los niños, sobretodo cuando son niños y púberes. El poder de la palabra de la gente que amas, se puede convertir en un arma que puede dejar heridas invisibles por años. Cuidemos lo que decimos, no vaya a ser que quede como yo y tenga que recibir un lapo para ponerme a pensar y encontrar en que momento me volví desconfiado en el amor, porque desconfiado para todo lo demás si soy.